Cuando perdemos a alguien muy querido, es un sentimiento difícil de describir porque es un dolor que va más allá de lo físico, el dolor se siente como viniendo del alma.
Cuando perdí a mi abuela, el silencio llego a mí, fue
como si todas las personas del mundo se hubiesen puesto de acuerdo para sentir
junto a mi el dolor, tuve la dicha de recibir afecto de muchas personas y me
siento agradecida por eso, aunque eso no me devolviera a la persona que acababa
de perder.
Me abrazo a la idea de saber que a pesar de lo rápido que
fue su muerte, ella no sufrió ni padeció largo tiempo su enfermedad, aun no les
he contado, pero en su última semana de vida fue diagnosticada con cáncer de páncreas;
dicen que este tipo de cáncer suele ser muy agresivo y que cuando empiezan los síntomas
es porque es demasiado tarde. Todo esto yo lo desconocía hasta que nos pasó
esta experiencia cercana.
Mi abuela fue una mujer tan fuerte, en muchos sentidos,
que jamás pensé que una enfermedad así pudiese con ella. Si yo tuviera el poder
de retroceder el tiempo, la salvaría sin pensarlo, buscaría la manera de que sea
vista por los mejores médicos, no la dejaría sola ni un momento. Pero la
realidad me supera en todo y yo lamentablemente no puedo retroceder el tiempo,
no puedo.
Recuerdo cuando enfermó, todos pensamos que eran síntomas
pasajeros, que era un virus o achaques de la vejez como le dicen, hasta que
vimos que pasó una semana y en vez de mejorar empeoró. Por mi mente pasaron
muchas cosas cuando la vi hospitalizada, cuando la vi tan débil. Fue en ese
momento que empecé a extrañarla antes de perderla.
¿Mi recomendación? Nunca descuiden a sus seres queridos, especialmente a los mas vulnerables, los niños, sus abuelos, sus mascotas, en general a todos. Si tienen la oportunidad, no peleen tanto con sus abuelos, con sus padres o con cualquiera que lo haga enojar, descubrí que somos más efímeros que el mismo tiempo.

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